El 15 de agosto de 1977, el radiotelescopio Big Ear de la Universidad Estatal de Ohio estaba escuchando el cielo en busca de señales de radio raras. Días después, Jerry Ehman revisaba el listado del receptor y se topó con una secuencia de caracteres: 6EQUJ5. Al lado escribió a bolígrafo: Wow!
Esa anotación se hizo famosa. Casi 50 años después, seguimos sin saber qué la provocó.
No era un plato redondo
Big Ear no se parecía a la antena parabólica que uno imagina. Era un invento del ingeniero John Kraus: dos enormes pantallas de malla metálica enfrentadas, sobre un suelo de aluminio del tamaño de varios campos de fútbol.
- Una pantalla plana e inclinable, de unos 104 m de largo por 30 m de alto.
- Frente a ella, una pantalla curva (parabólica) fija, de unos 110 m por 21 m.
- En medio, un suelo reflectante de unos 110 × 152 m.

Las ondas de radio rebotaban de una a otra y acababan en dos bocinas receptoras. El telescopio no seguía el cielo: la Tierra giraba y el cielo pasaba por su haz. Por eso, si algo fijo en el firmamento entraba en el haz, la señal subía y bajaba en torno a un minuto. La Wow! duró unos 72 segundos. Encaja con ese tránsito.
Hoy ya no existe: lo desmantelaron en 1998.
Qué es (y qué no es) 6EQUJ5
No es un mensaje alienígena. Era la forma en que el sistema apuntaba la intensidad respecto al ruido. La letra U marcaba el pico: unas 30 veces más fuerte que el fondo.
La señal salió en un solo canal estrecho, cerca de 1420 MHz, la frecuencia de la línea de hidrógeno —una zona del espectro que los buscadores de vida inteligente llevan mirando desde los años 50, porque es una referencia natural del universo.
Venía de la dirección de Sagitario. Como Big Ear tenía dos bocinas, hay dos posibles coordenadas finas. Eso complica un poco el mapa, pero no el hecho: algo intenso pasó por el haz aquella noche.
Y luego, silencio
Se buscó otra vez. Big Ear, otros radiotelescopios … Nadie ha vuelto a pillar lo mismo.
¿Interferencia terrestre? Posible en abstracto, pero no es la explicación fácil: el patrón se parece al de una fuente en el cielo, no al de un walkie-talkie suelto.
¿Extraterrestres? No hay prueba. ¿Algo raro de la naturaleza? Cada vez se habla más de ello, sin cierre definitivo.
Lo honesto es esto: sabemos qué midió el telescopio; no sabemos qué lo produjo.
En resumen: una antena gigante, un pico muy raro… y medio siglo después, todavía sin explicación. Sabemos qué midió Big Ear aquella noche. Lo que no sabemos, y por eso sigue fascinando es qué lo produjo.

¿Te ha gustado la historia? Espero que sí, gracias por llegar hasta aquí y nos vemos pronto, ¡Un saludo desde los tejados!